Alicia, a base de sacudir y sacudir a la Reina Roja, consigue comérsela (en argot de ajedrez, claro), y dar jaque al Rey Rojo, que se ha pasado durmiendo inmóvil en el mismo sitio a lo largo de toda la partida. Con esto termina el sueño, de modo que Tararí y Tarará tenían razón al decir que todo, incluso la misma Alicia, formaba parte de un sueño del Rey Rojo.

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